Con tantas emociones del pasado se nos abre el apetito y nos resulta realmente difícil elegir entre tanta y variada oferta de restaurantes.
En la bajada de la Villa a un pie de la plaza encontramos La Sonata de Trujillo , un pequeño restaurante que hace cuña entre las empinadas calles que llevan al castillo.
Es un establecimiento con un pequeño comedor donde nos atendieron con buen humor y mejores platos.
Nos recomiendan la típica moraga y el "secreto", una parte exquisita del cerdo, las verduras a la plancha, el chuletón de Retinto y mucho más en la Carta de la Sonata
Para tomar el café nada mejor que bajar unos metros y disfrutar de la cafetería del Hotel NH, en el Palacio de Santa Marta. Magnifica fachada de sillería granítica y portada de influencia italiana (obra del cantero trujillano Francisco Becerra). Hacen muy buen café y sus instalaciones son un verdadero lujo.
Se puede hacer un recorrido turístico en la calesa tirada de un robusto caballo, que se puede alquilar con cochero por 30€ en la Plaza, al pie del grandioso Palacio de la Conquista de la familia Pizarro.
Otra forma novedosa de patear estas calles sin cansarse es segway, el ingenio andarín de dos ruedas que se puede alquilar en la Oficina de Turismo por 10 € la media hora.
En un minuto ya me sentía seguro sobre mi patín de alta tecnología y emprendíamos las subida mas inclinada a la Villa con soltura. Es un aparato fantástico que pretende acabar con los coches en el futuro.
Uno de los sitios a visitar es la Alberca, baño romano y árabe después, hasta hoy se sigue usando en verano como baño tradicional de los jóvenes.
Esta inagotable fuente de agua en lo alto del cerro, está excavada en la roca hasta 13 metros de profundidad y según cuentan los viejos del lugar sus aguas tienen todo tipo de propiedades mágicas.
Proyecto
Escuela de buceo de la Alberca
La alberca iluminada merece un paseo nocturno.
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