Caminar por Bruselas es muy agradable cuando sale mínimamente el sol, los habitantes de esta ciudad se abalanzan sobre las terrazas y devoran los tímidos rayos solares como si fuera oro líquido.
Nos dirigimos andando hacia la Grand Place ya que hemos decidido usar lo menos posible los transportes públicos, encontramos en el trayecto muchas tiendas de fotografía donde venden incluso aparatos de segunda mano.
Muchos bazares con los productos más típicos de Bélgica y tiendas que sería difícil clasificar ya que en muchos casos no sabes muy bien lo que venden.


Después de callejear durante un buen rato de pronto todo nos indica que estamos a punto de entrar en la Gran plaza de Bruselas donde cada ladrillo es monumento nacional.
Es la joya monumental de este pequeño país cargado de historia y una de las plazas más impresionantes del mundo, sobre todo cuando estan los vendedores de flores en el centro y el cielo se tiñe de azul.
En el mes de agosto se forma en su centro un tapiz de begonias de 25 X 75 metros. Ver foto
El ritual obligatorio es muy claro, primero abandonarse al asombro de una arquitectura extravagante y levantar la vista en busca de la cima de la torre del ayuntamiento donde San Miguel mata al diablo, Este impresionante edificio fue construido en 1402 - 1455 y es el único testigo original de la plaza medieval.
La Grand-Place de Bruselas fue inscrita en 1998 en la lista del patrimonio mundial de la UNESCO y según Víctor Hugo es la plaza más bella del mundo.
Tomar una cerveza en la terraza del famoso restaurante "Le Roy D´Espagne" es un pequeño lujo caro que hay que hacer al menos una vez en la vida, luego comer unos bombones y comprar un encaje de bolillos.
Seguimos nuestro peregrinaje por los hitos del turismo acariciando el brazo de una estatua, que yace cerca de la plaza y que nos invita a buscar la famosa rana de la suerte.
Más adelante encontramos un rosario de tiendas que venden productos típicos, hasta dar con uno de los escaparates mas dulces de la ciudad, donde la pastelería es un arte sublime y entramos para comprar unas galletas de canela "Speculoos"
En Bélgica la gastronomía no es especial pero hay una repostería que compensa con creces, también hay productos muy típicos que harán de nuestra visita una divertida sucesión de degustaciones obligadas.
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