El pasado íbero y romano de Granada dan paso al esplendor musulman, la época Zirí, uno de los reinados de Taifas que ocupó el actual barrio del Albaicín. Ibn al-Ahmar fundó un par de siglos después la dinastía de los Nazaríes, comenzó a levantar La Alhambra y Granada como capital del reino, hasta Boabdil (Abu Adb Allah) último rey nazarí y sultán de Granada, en 1492 cuando entrega el reino de Granada a los Reyes Católicos, después de ocho siglos de ocupación musulmana.
La Alhambra se construye en una posición estratégica, amurallada y delimitada por el río Darro.
Los reyes nazaríes construyen una auténtica ciudad, palacios y murallas donde el arte andalusí se integra con los jardines y huertos conservando los naturales.
Carlos V manda construir un palacio renacentista, hoy en día Museo de las Bellas Artes de Granada. Es de destacar su patio circular que recuerda la arquitectura romana.
La Alhambra es un regalo para los sentidos, observando sus formas, relieves, mosaicos… te transporta en el tiempo, arcos y bóvedas, torres y jardines. El agua, elemento básico para el resultado que admiramos.
El gran estanque da la sensación de calma y quietud, las fuentes en los jardines del Generalife agua que cae del chorro, para volver a recorrerlo.
La Alhambra tiene diferentes acequias y conducciones asi como aljibes, estanques y depósitos que llegan desde la Acequia Real, que canalizaba las aguas del río Darro.
Pasear por la Alhambra inspira profundos sentimientos encontrados que es difícil ordenar. Por un lado el lujo, extravagancia y elegancia del entorno sugiere una civilización cultivada y avanzada, que es difícil relacionar con el estereotipo actual del mundo musulmán.
En esta época los cristianos eran mucho más conservadores y dados a la violencia que a los placeres terrenales.
Pasear por los salones y patios vacíos me llevó a imaginar el mobiliario y el ambiente que en la época califal llenaba las estancias, muebles exóticos, amplios sillones con cojines, velos y alfombras de alto valor.
También me lleva a imaginar los ropajes de sus habitantes, Cargados de bordados dorados y coloridos velos. Las mujeres vestian tules semi transparentes, la odalisca que aspiraba a formar parte del harem, luciendo joyas de más valor según su categoría en la pirámide social establecida.
Músicos con instrumentos de cuerda y percusión, sirvientes llevando bandejas con frutas y pasteles.
Bellas doncellas llevando te, moviendo las caderas...
salas de estudio donde matemáticos, arquitectos, botánicos y astrónomos realizan descubrimientos sorprendentes en una época en la que la cultura era una excentricidad.
Un ejército de jardineros dedicados a embellecer los patios, jardines y paseos del recinto, asi como agricultores especializados en el huerto y los árboles frutales.
La Alhambra que cuenta hoy en día con 500 empleados podría en la época doblar ampliamente este número siendo en si misma una pequeña ciudad palacio autosuficiente con sus cuadras para caballos, ganados y zonas de caza.