Madrugamos para tomar el desayuno en el salón del hotel y salir temprano hacia el Peñón de Gibraltar.
Es muy agradable este copioso desayuno que tomamos con mucha calma, en esta estancia tan familiar.
Es un viaje de menos de 40 km por autovía; a medida que nos acercamos, el Peñón, que desde el hotel se ve en la lejanía, va creciendo hasta hacerse enorme.
Cambiamos unos euros en libras todavía en España, conviene hacerlo así, sale mejor.
Dejamos el coche en un parking de la Línea y cruzamos la frontera a pie, sin ninguna complicación.
Tras la aduana hay que caminar por la pista del aeropuerto, que se abre entre cada aterrizaje.
Caminamos hacia el centro, tras un túnel llegamos a la plaza donde está el centro comercial y turístico.
El día se nubla a cada instante y acaba siendo gris, típico de Inglaterra, pero con una temperatura muy agradable.
Es la Inglaterra andaluza ya que todo es muy británico y cordial.
Hay muchas tiendas de alcohol, tabaco y electrónica, pero los precios sólo son buenos para los ingleses, ya que ellos tienen más impuestos, para nosotros son muy parecidos.
La gente es muy amable, casi todos hablan los dos idiomas sin problemas.
Los euros se aceptan en todos los establecimientos, pero es más conveniente pagar en libras.
Se puede subir a la montaña en telesférico y en microbús, pero preferimos sentir el pulso de ésta ciudad tan peculiar, y tomar unas cervezas, en los bares que encontramos por las callejuelas.
En la calle comercial, vemos las tiendas mas exclusivas, como Swarovski dónde compramos un llavero de cristal, el objeto mas barato de la tienda, 10 libras.
Hay muchas joyerías de lujo y tiendas de baratijas, que se llenan de turistas en busca de una ganga, también encontré un anticuario fantástico.
También librería y tiendas de ropa estilo inglés.
El objeto mas vendido es el mono de peluche,, pero como siempre huimos de los tópicos.
En Main Street, la calle principal, se encuentran dos de los más típicos locales de comida del lugar. Gibraltar Arms, frente a la Catedral, y The Horseshoe, en el número 193. Son dos buenos ejemplos de pubs dónde conocer la peculiar cocina inglesa y sus magníficas pintas de cervezas.
De pronto se pone a llover, nos da justo tiempo para entrar en una tienda india, estilo todo a cien y comprar un paraguas por un par de libras.
En la plaza encontramos una tienda de cristal artesano, donde soplan los vidrios, delante del público, es increíble ver como surge de una bola de cristal al rojo vivo, un fino jarrón.
Yabal Tāriq una de las columnas de Hércules fue cedida a la corona británica en 1713, en aplicación del tratado de Utrecht y después de conocer de cerca la realidad del Monte Calpe, me atrevo a revindicar "Gibraltar ingles"
Es un privilegio tener en nuestra península un cachito de Inglaterra y según muchos estudios, es el territorio británico más próspero y seguro, donde mejor calidad de vida tiene sus habitantes.
Tras un paseo, comprobamos que no hay nada español, que todo hasta los adoquines de las calles tiene la firma inglesa, pero sorprende que ésta realidad sea tan bien asumida y en el fondo, tanto los habitantes como los visitantes disfrutan de la mezcla de culturas, que este pequeño territorio ha propiciado a lo largo de la historia.
Desde Gibraltar se puede hacer un mini crucero para avistar delfines
http://www.gibraltarinfo.gi
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Adulto: £20.00 |
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Subida: £6.50
Ida y vuelta: £8.00
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Adulto: £20.00 |
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www.gibraltar.gov.gi
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La leyenda
Los relatos míticos cuentan que Hércules mató a sus hijos en un arrebato de locura y que, una vez recobrada la razón, el Oráculo de Delfos le indicó que para purificarse, debería ponerse al servicio del rey de Tirintos, Euristeo, durante doce años. Habiendo llegado al monarca la fama de los bueyes de Gerión, ser fabuloso que poseía tres cuerpos y que moraba en el lejano occidente, encargó a Hércules que capturase dichos rebaños. El viaje de ida, antes de llegar a Eriteia, por la zona de Libia (África del Norte) fue rico en aventuras y luchas de todo tipo e incluyen la fantasía de que Hércules, armado con una gigantesca maza, golpeó la montaña que unía África y Europa, formando un estrecho pasadizo, el estrecho de Gibraltar, que unió el mar Mediterráneo con el océano Atlántico. Como fieles testigos de la hazaña quedaron las llamadas columnas de Hércules, por un lado el Peñón de Gibraltar, en la península Ibérica, y por el lado africano el promontorio de Abila.
Bajo el Peñón, encontraremos más de 50 kilómetros de túneles, excavados para alinear los cañones de defensa y que se alternan con sus cuevas con lagos interiores.
La península, además, es una reserva natural que conserva una especie de flor silvestre autóctona (carraspique), pero el gran protagonista en su punto más alto es el mono "rabón", que forma parte del escenario gibraltareño desde su llegada de África en el siglo XIII. Según un dicho local, el Peñón dejará de ser inglés cuando desaparezcan los primates.

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